Artículo original
Vol. 67 N. 2
Fabiana Rey-Cuadra1, Adriana Rojas-Bermúdez2, Sofía Solano-Pérez3, Karla Sofía Gutiérrez-González4, Gabriela Chavarría-Soley5, Henriette Raventós6
1Universidad de Costa Rica, Escuela de Biología, San José, Costa Rica. fabiana.rey@ucr.ac.cr
0009-0009-2991-5750
2Universidad de Costa Rica, Escuela de Biología, San José, Costa Rica. adriana.rojasbermudez@ucr.ac.cr
0009-0008-3379-5934
3Universidad de Costa Rica, Escuela de Biología, San José, Costa Rica. sofía.solanoperez@ucr.ac.cr
0009-0009-9666-6264
4Clínica Bíblica, Laboratorio de Diagnóstico Molecular, San José, Costa Rica. kgutierrez@clinicabiblica.com
0009-0006-1948-9047.
5 Universidad de Costa Rica, Centro de Investigación en Biología Celular y Molecular, San José, Costa Rica. gabriela.chavarriasoley@ucr.ac.cr
0000-0002-7153-4072
6Autora correspondiente: Universidad de Costa Rica, Centro de Investigación en Biología Celular y Molecular, San José, Costa Rica. henriette.raventos@ucr.ac.cr
0000-0001-9423-8308
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Resumen (ES)
Objetivo: describir a una muestra de personas en Costa Rica, que contrajeron el coronavirus del síndrome respiratorio agudo severo tipo 2 y presentaron síntomas durante tres meses o más posterior a la infección viral; además de comparar estos casos con aquellos que no reportaron síntomas persistentes, para identificar condiciones clínicas y sociodemográficas asociadas a la persistencia de los síntomas.
Métodos: se realizó un estudio retrospectivo y descriptivo de las características clínicas y sociodemográficas de costarricenses adultos, reclutados entre enero y octubre de 2022, con un diagnóstico positivo de infección por el Coronavirus del Síndrome Respiratorio Agudo Severo tipo 2, al menos tres meses antes del reclutamiento, confirmado mediante alguna prueba de detección viral (reacción en cadena de la polimerasa, antígenos o anticuerpos). A los participantes con clínica compatible y antecedente epidemiológico, pero sin registro de prueba confirmatoria, se les realizó una prueba serológica de anticuerpos. Se aplicó un cuestionario en línea para obtener datos demográficos, historial médico, estado de vacunación y síntomas. Con la información recabada se dividió a los participantes en: 1- casos con síntomas persistentes durante 3 meses o más (COVID persistente-fenotipo estricto) y 2- controles sin síntomas prolongados. Se excluyeron casos con síntomas inespecíficos.
Resultados: de 448 participantes, 193 presentaron COVID-19 persistente-fenotipo estricto, 198 conformaron el grupo control y 57 se descartaron por considerarse dudosos. La muestra estuvo compuesta mayoritariamente por adultos jóvenes (73,9% menores de 40 años) y personas de sexo femenino (61,1%). La mayoría tuvo una única infección por SARS-CoV-2 (67,3%) y el 56,5% presentó síntomas que afectaron sus actividades diarias durante la fase aguda. Casi todos los participantes contaban con esquema de vacunación completo (91,0%).
Se encontró una mayor probabilidad de desarrollar COVID persistente en mujeres (razón de probabilidad = 2,33; p menor que 0,001), personas mayores de 40 años (razón de probabilidad = 1,82; p=0.039), personas con síntomas que limitaron sus actividades diarias durante la fase aguda (razón de probabilidad = 2,09; p = 0,002) y en quienes presentaban problemas de salud mental (razón de probabilidad = 1,87; p = 0,018). No hubo asociación con vacunación, fumado, alcohol, actividad física ni número de comorbilidades. El 57% de las personas con Covid-persistente percibió un deterioro en su estado de salud en comparación con su condición previa.
Conclusión: la mayoría de los datos obtenidos en el presente estudio concuerdan con los que se han reportado en otras investigaciones de carácter internacional. Los hallazgos refuerzan la importancia de realizar investigaciones futuras más detalladas, que incluyan estudios prospectivos con enfoques diferenciados por sexo y que, por tanto, permitan comprender mejor las implicaciones a largo plazo de esta condición. Además, refuerza la necesidad de diseñar políticas sanitarias que faciliten un abordaje integral, con el fin de mitigar el impacto del COVID persistente en la calidad de vida de los pacientes. Finalmente, el estudio ofrece un primer acercamiento sobre el panorama del COVID persistente en la población costarricense, sentando bases para entender cómo esta condición y otros síndromes post-infección viral afectan a los ciudadanos.
Palabras clave (ES):
Resumen (EN)
Aim: to describe the clinical and sociodemographic profile of adults in Costa Rica who contracted Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus type 2 and experienced symptoms for three months or longer after the acute phase of infection—classified as long COVID—and to compare them with adults without persistent symptoms, in order to identify factors linked to symptom persistence.
Methods: We carried out a retrospective descriptive study of Costa Rican adults recruited between January and OctobMethods: We carried out a retrospective descriptive study of Costa Rican adults recruited between January and October 2022. Eligibility required a laboratory-confirmed infection by Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus type 2 at least three months before enrolment, documented by polymerase chain reaction, rapid antigen assay, or antibodybased test. Participants with compatible symptoms and an epidemiological link but no prior confirmation underwent serological testing for antibodies. An online questionnaire gathered demographic data, medical history, vaccination status, and symptoms. Based on these data, participants were classified as (1) individuals with symptoms lasting three months or longer (long COVID, strict phenotype) or (2) controls without prolonged symptoms; those reporting only nonspecific symptoms were excluded.
Results: among 448 participants, 193 met criteria for the strict long COVID phenotype, 198 served as controls, and 57 were excluded as indeterminate. The cohort was predominantly female (61.1 %) and younger than forty years (73.9 %). Most had a single documented infection (67.3 %), and 56.5 % reported acute-phase symptoms that limited daily activities. Complete vaccination was recorded in 91 %. The likelihood of long COVID was higher in females (probability ratio = 2.33; p value less than 0.001), in adults forty years or older (probability ratio = 1.82; p value = 0.039), in those whose acute symptoms restricted daily activities (probability ratio = 2.09; p value = 0.002), and in participants with mentalhealth disorders (probability ratio = 1.87; p value = 0.018). No associations emerged with vaccination status, smoking, alcohol use, physical activity, or number of comorbidities. Fifty-seven percent of long COVID cases reported poorer health than before the infection.
Conclusion: these findings align with international reports and underscore the need for prospective studies—particularly those stratified by sex—to clarify the long-term consequences of long COVID. They also highlight the urgency of comprehensive health policies to mitigate its impact on quality of life. This study provides the first snapshot of long COVID in Costa Rica and lays groundwork for future research on post-viral syndromes in this population.
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